“No me voy a vengar”, carta de una víctima de acoso escolar

Este es un artículo publicado por Adolescents.cat en el que una víctima de bullying escribe una carta a sus acosadores. Gracias a Tamara por la información y la traducción del texto.

Este correo le llegó a Adolescents.cat (www.adolescents.cat) sobre una víctima del acoso escolar, que pidió conservar su anonimato. Esta valiente persona a escrito este texto que podréis leer ahora durante en la época de le hacían bullying y les pidió que la publicase porque cree que, sobre su lamentable experiencia, se pueden prevenir maltratamientos futuros.

*Mensaje para aquellos que practican bullying: las consecuencias del acoso pueden ser muy graves y pueden provocar que los que lo sufren se quieran quitar la vida. “No sois una raza superior, apagad vuestra arma de fuego asesina”.

Carta de una víctima del acoso escolar.

Ahora se me remueve la conciencia, me tortura la mente… Que poca persona que era, tenía un nombre y poco más, en esos momentos. Me mostraba solo y débil, y ellos tan fuertes en masa, tan unidos por el miedo; como dictadura mataban a todo el mundo que aumentaba la voz y chillaba que esto no estaba bien. No sabía cómo era, lo que me dijesen formaba la totalidad de un yo, muy indeciso.

Y de un día para otro, fui la nueva presa. Me perseguían animales con sed de sangre y con sus uñas afiladas, que rasguño a rasguño me cortaban las venas. Ay, y que poco sabían querer… y que poco eran ellos. Eran marionetas manipuladas por lo que nos supera a todo el mundo: el miedo a la soledad. Pero ahora, los critico y con fuerza les aumento la voz. Antes, como un perro maltratado volvía al maltratador porque quería formar parte de esa masa para no destacar, y cada vez que lo hacía, con fuertes palabras me echaban.

Dentro de las bocas, solo prejuicios que decían sin pensar ni un segundo el daño que me podían hacer, aunque a veces me pregunto: ¿lo hacían porque merecía morir? Y me giré, ellos estaban allí, con sus miradas oscuras, apuntando como un cazador apunta a su presa. Y esa sonrisa: como me resonaban sus sonrisas, como rompían mi pequeño corazón, a la merced del dolor. Y sus palabras, tan humillantes, tan duras, como “flagelos” marcaban mi espalda, y eran tan ciertas en mi infancia… Y que dolor tan amargo, sentir que ni yo mismo me quería, y que tristeza tan profunda me sorprendía de mi yo más profundo.

Y cuando era feliz, me giraba, y volvía a ver sus miradas impotentes, que sin piedad mataban mi felicidad. Jugaban a la pelota con mi corazón, y yo era tan insignificante… como una hormiga esquivando las gotas de agua, esquivaba yo las palabras.

Dentro de mí resonaba: “sé invisible, que nadie se fije en ti, que nadie se fije en ti, son tan débiles como mis defectos…” Y no era yo, era un muro, lleno de pintadas oscuras de dolor, donde los gritos de auxilio se me entibaban y se me bloqueaba la voz al hablar. Y súplicas, tan silenciosas, esperaban salir en cadena, un día que nunca llegaría.

Era tan poco mío, era tanto el dolor… ¿Y aún te atreves a preguntarme por qué era tan imbécil? ¿Y aún te atreves a preguntar por qué me dejé morir a poco a poco? Solo las palabras me han dejado las cicatrices que nunca se borrarán.

Y nada cambiará, en el mundo continua habiendo perjuicios, dolor, desesperación, frustración y continuará la gente pensando en el castigo más grande que para a ellos es vivir, y esperaran con ansia el día de la muerte.

Yo, ya he hablado, y no pienso callar durante toda mi vida. No me quiero vengar, no, quiero que esto se acabe para siempre.

 

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